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Teresa González Barbero dio su visión sobre las pautas de conducta y los conflictos con los hijos según la edad en el Ciclo Liderazgo y Educación

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El Ciclo de Conferencias Liderazgo y Educación llegó a su cuarta jornada y fue Teresa González Barbero la que dio su visión sobre las pautas de conducta y los conflictos con los hijos según la edad, en el auditorio del Palacio Los Serrano.

Lo primero en lo que incidió la doctora en Educación, fue que ser padres “es una tarea de valientes. Es la mejor obra de nuestra vida y cambian nuestra forma de verla, pero los niños no traen un manual debajo del brazo”, señalando que “no hay una familia tipo”, dando un repaso al comportamiento de los niños según la edad.
De los niños de cuatro y cinco años destacó que “se emocionan con todo y aunque están en compañía de otros, no juegan juntos y no interactúan. Tienen amigos invisibles o imaginarios. La primera experiencia escolar no es buena, aunque se va mitigando con el paso del tiempo. Es importante que los padres y madres hablen mucho con ellos para mantener los afectos”.
Sobre la edad de seis y siete años, González Barbero argumentó que “se dan cambios corporales y psicológicos. Se empiezan a adaptar a su entorno y aparecen los primeros conflictos y fustraciones”.
Entre los ocho y los diez años “el desarrollo es más evidente” y sale a relucir su “interés por entender por qué suceden las cosas y comienzan a razonar incluso a retar a los profesores, ya que acumular más información y conocimientos. Aprenden mecanismos que les serán útiles en el futuro”.
Así se llega a la preadolescencia, entre los once y los trece años, donde “le dan importancia a la imagen del cuerpo y se desarrollan los órganos sexuales primarios y secundarios. Dan importancia a las relaciones con el otro sexo –amor romántico-. Hacen más preguntas y tienen incertidumbres ante situaciones nuevas”.
En la adolescencia (entre los catorce y diecisiete años), se pone de manifiesto una “mezcla de sensaciones. Hay tendencia al mal humor –más en los chicos que en las chicas- por las frustraciones, aumenta la tensión nerviosa –comerse las uñas, manosear el pelo-, cambios bruscos de humor y sentimiento de miedo, también más en los chicos. Todo esto puede afectar al rendimiento de lo que hace”. Además, nace la necesidad de “alejarse de la familia y los padres y se buscan las pandillas de amigos, que es donde viven la vida y se divierten, por lo que surgen las rivalidades y las peleas” y a los adolescentes “les molesta que les traten como niños”. Aquí, en la denominada ‘generación Z’, “el móvil es esencial para ellos, ya que se relacionan con él y les da unas pautas”.
Por todo ello, los padres tienen que “asumir que los hijos van cambiando el comportamiento según su edad y tienen iguales problemas que los de su misma edad. Cada niño es diferente, pero hay las mismas normas. Es importante saber qué pueden hacer y qué no. Los hijos aprenden lo que viven. La mayoría de los padres se preguntan si estarán educando correctamente a sus hijos y no hay que angustiarse. Hay que relajarse”.
Cuando hay varios hijos en la familia, el primero “es el que tiene mayor responsabilidad, el siguiente ya no tiene la presión del mayor y con los pequeños hay más flexibilidad, ya que los padres ya han recorrido este camino, por lo que suelen ser los más consentidos”.

El Ciclo Liderazgo y Educación hace un paréntesis la próxima semana, reanudándose el jueves 24 de mayo con la disciplina positiva y normas, a cargo del doctor Francisco Javier Hernández Varas y concluyendo con la educación de los sentimientos y emociones (Vanessa Ramajo, el 31 de mayo), ambas a las 19,30 horas en el Palacio Los Serrano.
El ciclo está organizado por la Casa Social Católica y cuenta con la valiosa colaboración de la Fundación Ávila, Bankia en-acción, Extensión Cultural del Obispado de Ávila y la Universidad Católica de Ávila (UCAV).